El castillo de Lesley
El castillo de Lesley Amada por Lady Harcourt, adorada por Sir George y admirada por el mundo entero, vivió en una continua felicidad ininterrumpida hasta que cumplió los dieciocho, momento en el que, al ser descubierta robando un billete de cincuenta libras, fue puesta de patitas en la calle por sus inhumanos benefactores. A alguien que no poseyera un espíritu tan noble y elevado como el de Eliza, esa transición le hubiese supuesto la muerte, pero ella, feliz y consciente de su propia excelencia, se divirtió sentándose bajo un árbol, componiendo y cantando los siguientes versos:
Aunque mil desgracias haya de sufrir
espero no necesitar jamás a ningún amigo
pues siempre tendré un corazón inocente conmigo
y nunca jamás de la virtud habré de huir
Habiéndose divertido unas horas con esta canción y sus propias y agradables reflexiones, se levantó y tomó rumbo a M., un pequeño pueblo comerciante, de donde era su más íntima amiga, quien regentaba El León Rojo.
Inmediatamente fue en busca de esta amiga, a quien, tras haberle contado su pasada desgracia, le comunicó su deseo de entrar en una familia en calidad de humilde acompañante.
