Emma
Emma Sus proyectos de cultivar el espÃritu de su amiguita mediante lecturas copiosas e instructivas y mediante la conversación, no fueron más allá de leer los primeros capÃtulos de algunos libros y de la intención de proseguir al dÃa siguiente. Charlar era mucho más fácil que estudiar; mucho más agradable dejar volar la imaginación y hacer planes para el futuro de Harriet que esforzarse por aumentar su inteligencia o ejercitarla en materias más áridas; y la única labor literaria que por el momento emprendió Harriet, el único acopio intelectual que hizo con vistas a la madurez de su vida, fue el coleccionar y copiar todos los acertijos de las clases más variadas que pudo encontrar, en un cuadernillo de papel lustroso confeccionado por su amiga y adornado con iniciales pintadas y viñetas.
En aquella época eran frecuentes libros de gran extensión con recopilaciones como ésta. La señorita Nash, la directora del pensionado de la señora Goddard, habÃa copiado por lo menos trescientos de esos acertijos; y Harriet, que habÃa tomado la idea de ella, confiaba que con la ayuda de la señorita Woodhouse reunirÃa muchos más. Emma colaboraba con su inventiva, su memoria y su buen gusto; y como Harriet tenÃa una letra muy bonita, todo hacÃa prever que serÃa una colección de primer orden tanto por el esmero de la presentación como por lo copioso.