Emma
Emma La cuestión fue discutida con toda cordialidad, y al cabo de un rato se pasó a otro de similar importancia que también se debatió en medio de la mayor armonía; pero la velada no concluyó sin que un nuevo incidente volviera a turbar un poco aquella calma. Llegó el avenate proporcionando nueva materia de conversación… grandes elogios y muchos comentarios… la irrefutable afirmación de que era saludable para toda clase de personas, y lo que se dice severas filípicas contra las numerosas casas en las que no se podía tomar un avenate medianamente tolerable… pero, por desgracia, entre los lamentables casos que su hija citó como ejemplos para corroborar lo que decía el señor Woodhouse, el más reciente y por lo tanto el más importante había ocurrido en su propio hogar, en South End, en donde una muchacha que habían contratado para la temporada nunca había sido capaz de comprender lo que ella quería decir cuando hablaba de un bol de buen avenate que no fuera espeso, sino más bien claro, aunque tampoco demasiado claro. Ni una sola vez de las que había querido tomar avenate y se lo había pedido había sido capaz de hacerle algo que pudiera beberse. Éste era un principio peligroso.
—¡Ay! —dijo el señor Woodhouse meneando la cabeza y contemplando a su hija con una mirada de afectuosa preocupación.