Emma
Emma —Se necesita tener muy buena opinión de uno mismo —dijo— para pedir a la gente que abandone su chimenea y vaya a verle en un dÃa como éste, sin más objeto que hacerle una visita. Debe de considerarse alguien muy agradable; yo no serÃa capaz de hacer una cosa asÃ. Es el mayor de los absurdos… ¡Y ahora se pone a nevar! Es una locura no permitir que la gente se quede cómodamente en su casa… y lo es el no quedarse cómodamente en casa cuando uno puede hacerlo. Si nos obligaran a salir en una noche asà para cumplir algún deber o para algún negocio, ¡cómo nos quejarÃamos de nuestra mala suerte; y aquà estamos probablemente con ropas más ligeras que de costumbre, siguiendo adelante por nuestra propia voluntad, sin ningún motivo justificado y desafiando la voz de la naturaleza que dice al hombre por todos los medios que tiene a su alcance que se quede en casa y que se resguarde lo mejor que pueda; aquà estamos en camino para pasar cinco horas aburridas en una casa ajena, sin nada que decir u oÃr que no se dijera u oyera ayer y que no pueda decirse u oÃrse de nuevo mañana. Saliendo con mal tiempo para volver probablemente con un tiempo peor; obligando a salir a cuatro caballos y a cuatro criados sólo para llevar a cinco personas ociosas tiritando de frÃo a unas habitaciones más frÃas y entre peores compañeros de lo que se hubiese podido tener en casa.