Emma
Emma —¡Oh, no! Lo sentà tanto al enterarme… estaba a punto de decirle que cuando fui a casa de la señora Goddard, que fue la última cosa que hice antes de volver a la VicarÃa para vestirme, me dijeron que la señorita Smith no habÃa mejorado nada, lo que se dice nada, sino que más bien estaba peor. Lo sentà tanto y me quedé muy preocupado… yo tenÃa esperanzas de que iba a mejorar después del cordial que le dieron esta mañana.
Emma sonrió y contestó:
—ConfÃo en que mi visita le haya sido beneficiosa para la parte nerviosa de su enfermedad; pero mi presencia aún no tiene poder suficiente para hacer desaparecer una inflamación de garganta; es un resfriado verdaderamente fuerte. El señor Perry la ha visitado, como seguramente ya le han dicho a usted.
—SÃ… yo suponÃa… es decir… no me lo habÃan dicho…
—Él ya la habÃa tratado de cosas parecidas, y confÃo que mañana por la mañana podrá darnos a los dos mejores noticias. Pero es imposible no sentirse inquieto. ¡Es una ausencia tan lamentable para nuestra reunión de esta noche!
—SÃ, muy lamentable… Usted lo ha dicho, ésta es la palabra… la echaremos de menos a cada momento.