Emma
Emma Pero los compasivos sentimientos de un amigo de su padre le dieron la oportunidad de cambiar su destino. Ese amigo era el coronel Campbell, que había tenido en gran estima al teniente Fairfax, considerándolo como un excelente oficial y como un joven de grandes méritos; y además le debía tales atenciones, durante una terrible fiebre que se declaró en un campamento, que creía deberle la vida. Éstas eran cosas que no podía olvidar, a pesar de que pasaron una serie de años, después de la muerte del pobre Fairfax, en los que él se hallaba en el extranjero, pero su regreso a Inglaterra le permitió llevar a cabo sus propósitos. Cuando regresó averiguó el paradero de la niña y se informó acerca de ella. El coronel estaba casado y sólo tenía un hijo, una niña que debía tener la misma edad que Jane; y Jane se convirtió en huésped habitual de su casa, en la que pasaba largas temporadas, siendo muy querida por todos; y antes de que cumpliera los nueve años, el gran cariño que su hija sentía por, ella y su propio deseo de dispensarle su protección, movieron al coronel Campbell a ofrecerse para correr con todos los gastos de su educación. La oferta fue aceptada; y desde entonces Jane había pertenecido a la familia del coronel Campbell y había vivido siempre con ellos, sin visitar a su abuela más que de vez en cuando.