Emma
Emma Y si todavía era posible serlo más, se mostró aún más reservada en lo referente a Weymouth y a los Dixon. Parecía interesada en no querer hablar del carácter del señor Dixon, ni en opinar acerca de su trato, ni en hacer ningún comentario sobre lo conveniente que había sido aquella boda. Todo lo aprobaba por igual; en sus palabras no había nada de concreto ni destacado. Sin embargo de poco le sirvió. Para Emma esta cautela era artificiosidad, disimulo, y la joven volvió a sus sospechas de antes. Probablemente allí había algo más que ocultar que sus simples preferencias. Tal vez el señor Dixon había estado a punto de dejar una amiga por otra, o sólo se había decidido por la señorita Campbell pensando en sus futuras doce mil libras.