Emma
Emma Emma no les esperaba; porque el señor Weston, que les había hecho una rapidísima visita de medio minuto, justo el tiempo de oír que su hijo era muy buen mozo, no sabía nada de sus planes; y por lo tanto para la joven fue una agradable sorpresa verles acercarse a la casa juntos, cogidos del brazo. Había estado deseando volver a verle, y sobre todo verle en compañía de la señora Weston, ya que de su proceder con su madrastra dependía la opinión que iba a formarse de él. Si fallaba en este punto, nada de lo que hiciera podría justificarle a sus ojos. Pero al verles juntos quedó totalmente satisfecha. No era sólo con buenas palabras ni con cumplidos hiperbólicos como cumplía sus deberes; nada podía ser más adecuado ni más agradable que su modo de comportarse con ella… nada podía demostrar más agradablemente su deseo de considerarla como una amiga y de ganarse su afecto; y Emma tuvo tiempo más que suficiente de formarse un juicio más completo, ya que su visita duró todo el resto de la mañana. Los tres juntos dieron un paseo de una o dos horas, primero por los plantíos de árboles de Hartfield y luego por Highbury. El joven se mostraba encantado con todo; su admiración por Hartfield hubiera bastado para llenar de júbilo al señor Woodhouse; y cuando decidieron prolongar el paseo, confesó su deseo de que le informaran de todo lo relativo al pueblo, y halló motivos de elogio y de interés mucho más a menudo de lo que Emma hubiera podido suponer.