Emma
Emma —No sé si deberÃa ser asÃ, pero lo cierto es que las tonterÃas dejan de serlo cuando las comete alguien que tiene personalidad y sin avergonzarse de ellas. La maldad siempre es maldad, pero la tonterÃa no siempre es tonterÃa… Depende de la personalidad de cada cual. El señor Knightley no es un joven alocado y vanidoso. Si lo fuera hubiera hecho esto de un modo muy distinto. O bien se hubiera jactado de lo que hacÃa o se hubiese sentido avergonzado. Se hubiese tratado o de la ostentación de un petimetre o del temor de alguien demasiado débil para defender sus propias vanidades. No, estoy completamente segura de que no es ni un vanidoso ni un alocado.
El martes le trajo la agradable perspectiva de volver a verle, y esta vez por más tiempo de lo que le habÃa sido posible hasta entonces; de juzgarle por su actitud en general, y luego de deducir el significado que podÃa tener su actitud con respecto a ella; de adivinar cuándo le serÃa necesario adoptar un aire de frialdad; y de imaginarse cuáles serÃan los comentarios que harÃan los demás al verles juntos por primera vez.
Se proponÃa pasar una magnÃfica velada, a pesar de que el escenario tuviese que ser la casa del señor Cole; y aunque no pudiese olvidar que de los defectos del señor Elton, incluso en los tiempos en que gozaba de su favor, ninguno le habÃa inquietado más que su propensión a cenar con el señor Cole.