Emma
Emma Cuando Emma llegó a la puerta de la casa del señor Cole, su coche iba precedido de otro; y quedó muy complacida al ver que se trataba del señor Knightley; porque el señor Knightley, que no tenÃa caballos y no disponÃa de mucho dinero sobrante, y sà en cambio de una salud a toda prueba, de gran vigor y de una inusitada independencia de criterio, era más que capaz, según la opinión de Emma, de presentarse por los sitios como le pluguiera, y de no utilizar su coche tan a menudo como correspondÃa al propietario de Donwell Abbey. Y entonces tuvo ocasión de manifestarle su aprobación más calurosa por haber ido en coche, ya que él se le acercó para ayudarla a bajar.
—Esto es presentarse como es debido —le dijo—, como un caballero. Me alegro mucho de ver que ha cambiado de actitud. Él le dio las gracias, y comentó:
—¡Qué feliz casualidad haber llegado en el mismo momento! Porque por lo visto, si nos hubiéramos encontrado en el salón, no hubiera usted podido advertir si hoy me mostraba más caballero que de costumbre… y no hubiera podido darse cuenta por mi aspecto o mis modales.