Emma
Emma —Perfectamente. Si los Weston consideran que vale la pena tomarse todas estas molestias por unas cuantas horas de ruidosas expansiones, yo no tengo nada que decir en contra, pero que nadie quiera elegirme las diversiones por mÃ… ¡Oh, sÃ! Claro está que tengo que ir; no puedo negarme; y procuraré estar tan animado como pueda; pero preferirÃa quedarme en casa repasando las cuentas que cada semana me presenta William Larkins; confieso que preferirÃa esto mucho más. ¿Es un placer ver cómo bailan los demás? No para mÃ, se lo aseguro… Nunca me ha gustado ver bailar… ni sé de nadie que le guste. En mi opinión, el bailar bien, como la virtud, no necesita espectadores, y la satisfacción que proporciona basta. Generalmente los que se quedan a ver bailar suelen estar pensando en otras cosas muy diferentes.
Emma se dio cuenta de que se estaba refiriendo a ella, y esto la puso fuera de sÃ. Sin embargo no era para favorecer a Jane Fairfax que se mostraba tan indiferente y tan ofensivo; no pensaba en ella al censurar la idea del baile, ya que Jane se hallaba entusiasmadÃsima con el proyecto; tanto que parecÃa más alegre, más franca, y le habÃa dicho por propia iniciativa:
—¡Oh, señorita Woodhouse! Supongo que no ocurrirá nada que impida que se dé el baile. ¡Qué desilusión tendrÃamos! Confieso que pienso en este baile con muchÃsima ilusión.