Emma
Emma —SÃ… pero una joven… una recién casada… hubiese tenido que hacer todo lo posible por ir a presentarle mis respetos… Ha sido una descortesÃa por mi parte.
—Pero, querido papá, tú no eres amigo del matrimonio; y siendo asÃ, ¿por qué te crees obligado a presentar tus respetos a una recién casada? Esto es algo contrario a tus convicciones. Prestarles tanta atención es alentar a la gente a que se case.
—No, querida, yo nunca he alentado a nadie a que se case, pero siempre he querido cumplir con mis deberes de cortesÃa para con las damas… y a una recién casada sobre todo, no puede hacérsele un desaire. Hay más motivos para tenerles consideración. Ya sabes, querida, que donde está una recién casada siempre es la persona más importante, sean quienes sean los demás.
—Bueno, papá, pero si eso no es animar a la gente a que se case, yo no sé lo que es. Y nunca me hubiera imaginado que te prestaras a esas manifestaciones de vanidad de las jóvenes pobres.
—Querida, no me entiendes. Es sólo una cuestión de cortesÃa y de buena crianza, y no tiene nada que ver con alentar a la gente a que se case.
Emma no añadió nada más. Su padre se estaba poniendo nervioso y no podÃa entenderla. Sus pensamientos volvieron a las ofensas de la señora Elton, y estuvo un largo rato dándoles vueltas en su mente.