Emma
Emma —A mà no me extrañarÃa —dijo la señora Weston— que la señorita Fairfax hiciera todo eso contra su voluntad, forzada por la insistencia de su tÃa a que aceptase las atenciones que la señora Elton tenÃa para con ella. Es muy probable que la pobre señorita Bates haya empujado a su sobrina a aceptar un grado de intimidad mucho mayor del que su propio sentido común le hubiese aconsejado, aparte del deseo muy natural de cambiar un poco de vida.
Ambas esperaban con curiosidad que el señor Knightley volviera a hablar; y después de unos minutos de silencio dijo: