Emma

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Aquella mañana no vería a Frank Churchill. Él le había dicho que no podría detenerse en Hartfield porque tenía que estar de regreso hacia el mediodía. Emma no lo lamentaba.

Después de haber reflexionado detenidamente sobre todo eso y de haber puesto en orden sus ideas, se disponía a volver a la casa con el ánimo avivado por las exigencias de los dos pequeños (y del abuelito de éstos), cuando vio que se abría la gran verja de hierro y que entraban en el jardín dos personas, las personas que menos hubiera podido esperar ver juntas… Frank Churchill llevando del brazo a Harriet… ¡a Harriet en persona! En seguida se dio cuenta de que había ocurrido algo anormal. Harriet estaba muy pálida y asustada, y su acompañante intentaba darle ánimos… La verja de hierro y la puerta de entrada de la casa no estaban separadas por más de veinte yardas; los tres no tardaron en hallarse reunidos en la sala, y Harriet inmediatamente se desvaneció en un sillón.

Cuando una joven se desvanece hay que hacer que vuelva en sí; luego tienen que contestarse una serie de preguntas y explicarse una serie de cosas que se ignoran. Estas situaciones son muy emocionantes, pero su incertidumbre no puede prolongarse por mucho tiempo. Pocos minutos bastaron a Emma para enterarse de todo lo sucedido.


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