Emma
Emma Ésta era toda la historia… lo que él, y luego Harriet, apenas hubo recobrado el sentido, le contaron… El joven, una vez hubo visto que ya se encontraba mejor, declaró que no podÃa quedarse por más tiempo; todos aquellos retrasos no le permitÃan perder ni un minuto más; y después de que Emma le hubo prometido que la dejarÃa sana y salva en casa de la señora Goddard, y que avisarÃa al señor Knightley de la presencia de los gitanos por aquellos contornos, él se fue entre las mayores muestras de agradecimiento de Emma, tanto por su amiga como por ella misma.
Una aventura como aquélla… un apuesto joven y una linda muchacha encontrándose en un lance como aquél, no podÃa por menos de sugerir ciertas ideas al corazón más insensible y a la mente menos fantasiosa. Por lo menos eso era lo que pensaba Emma. ¿Cómo era posible que un lingüista, un gramático, incluso un matemático, hubiesen visto lo que ella, hubiesen presenciado la llegada de los dos juntos y oÃdo el relato de su historia, sin pensar que las circunstancias habÃan hecho que los protagonistas del hecho tenÃan que sentirse particularmente interesados el uno por el otro? ¡Cuánto más ella con toda su imaginación! ¿Cómo no iba a estar como sobre ascuas, haciendo proyectos y previendo acontecimientos? Sobre todo teniendo en cuenta que encontraba el terreno abonado por las suposiciones que habÃa hecho de antemano.