Emma
Emma —¡Querida! Casi me parece imposible que hayas podido olvidar lo que ocurrió en esta misma habitación con el tafetán una de las últimas veces en que nos vimos aquÃ… Fue muy pocos dÃas antes de que yo tuviera aquella inflamación de la garganta… muy poco antes de que llegaran el señor John Knightley y su esposa… creo que fue aquella misma tarde… ¿No te acuerdas de que se hizo un corte en el dedo con su nuevo cortaplumas y que tú le aconsejaste que se pusiera tafetán? Pero como tú no llevabas encima y sabÃas que yo sà llevaba, me pediste que se lo diera; y entonces yo saqué el mÃo y le corté un trocito; pero era demasiado grande y él lo recortó un poco y estuvo jugando con el que habÃa sobrado antes de devolvérmelo. Y entonces yo, tonta de mÃ, no pude evitar considerarlo como un tesoro… y lo puse aquÃ, para que no lo usara nadie, y de vez en cuando lo miraba como si fuese un regalo suyo.