Emma
Emma —Era forzoso que al llegar este momento lo sintieran tanto ella como todos sus amigos… Pero confÃo en que su trabajo le sea lo más agradable posible… Me refiero al carácter y al trato de esa familia.
—Muchas gracias, querida señorita Woodhouse. SÃ, la verdad es que parece ser que no va a faltarle nada para ser totalmente feliz. Entre todas las relaciones de la señora Elton, exceptuando las casas de los Suckling y de los Bragge, no habÃa otro puesto de institutriz en otra familia más generosa y distinguida. ¡La señora Smallridge es una dama encantadora! Llevan un tren de vida casi igual al de Maple Grove… Y en cuanto a los niños, exceptuando a los de los Suckling y a los de los Bragge, no es posible encontrar criaturas más finas y más distinguidas. ¡Jane será tratada con tanto afecto y tanta delicadeza! No tendrán más que atenciones para con ella, lo que se dice una vida regalada… ¡Y qué sueldo! Yo es que no me atrevo a citar ese sueldo delante de usted, señorita Woodhouse. Incluso usted, que está acostumbrada a sumas tan elevadas, apenas podrÃa creer que se dé tanto dinero a una muchacha tan joven como Jane…
—Verá usted —exclamó Emma—, si todos los demás niños son como recuerdo que yo era de pequeña, me inclino a creer que pagar cinco veces lo que suele darse a las institutrices no es regalarles el dinero.
—¡Usted siempre tan comprensiva y generosa!