Emma
Emma No tuvo dificultades para que Isabella la invitase; y tuvo la suerte de encontrar un pretexto satisfactorio para pedírselo sin necesidad de recurrir a su inventiva. Harriet tenía una muela cariada, y ya hacía tiempo que quería ir a un dentista. La señora John Knightley se manifestó encantada de poder serle útil; toda cuestión relacionada con médicos despertaba en ella el mayor interés… y aunque no era aficionada a ningún dentista como al señor Wingfield, se mostró inmediatamente dispuesta a aceptar a Harriet en su hogar… Una vez se hubo puesto de acuerdo con su hermana, Emma lo propuso a su amiga, a quien resultó fácil convencer… Harriet iría a Londres; estaba invitada por lo menos durante dos semanas; y el viaje lo efectuaría en el coche del señor Woodhouse; se hicieron todos los preparativos, se resolvieron todas las dificultades, y Harriet no tardó en llegar sana y salva a Brunswick Square.
Ahora Emma podía ya gozar tranquila de las visitas del señor Knightley; ahora podía hablar y podía escuchar, sintiéndose verdaderamente feliz, sin el aguijón de aquel sentimiento de injusticia, de culpabilidad, de algo aún más doloroso, que la inquietaba cada vez que recordaba que no muy lejos de ella en aquellos mismos momentos sufría un corazón por unos sentimientos que ella misma había contribuido a desarrollar equivocadamente.