Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
La visita de la señora Dashwood a lady Middleton tuvo lugar al día siguiente, y dos de sus hijas la acompañaron; Marianne, en cambio, se excusó con un nimio pretexto de tener cosas que hacer; y su madre, que llegó a la conclusión de que Willoughby le había prometido la noche anterior ir a verla mientras ellas no estaban, se mostró muy satisfecha de que se quedara en casa.
Al volver de la finca se encontraron la calesa de Willoughby y a su criado esperando fuera de la casa, y la señora Dashwood tuvo la seguridad de haber conjeturado con acierto. Hasta entonces todo estaba ocurriendo como había previsto; pero al entrar en la casa descubrió lo que ninguna previsión la había guiado a esperar. Apenas habían llegado al pasillo cuando Marianne salió a toda prisa de la salita, al parecer violentamente trastornada, con el pañuelo en los ojos; y sin reparar en ellas subió corriendo las escaleras. Sorprendidas y alarmadas, entraron directamente en la estancia de la que acababa de salir, donde sólo encontraron a Willoughby, dándoles la espalda, apoyado en la repisa de la chimenea. Se dio la vuelta cuando entraron, y su semblante decía que participaba fuertemente de la emoción que dominaba a Marianne.
—¿Le ocurre algo a mi hija? —preguntó la señora Dashwood nada más entrar—. ¿Está enferma?
