Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Sin necesidad de encerrarse y dejar de ver a su familia, ni de salir sola de casa con la intención de evitar su compañía, ni de pasar la noche en vela sumida en la meditación, Elinor se dio cuenta de que no le faltaban a lo largo del día ratos libres para pensar en Edward, y en el comportamiento de Edward, con toda la variedad de posibilidades que diferentes estados de ánimo en diferentes situaciones eran susceptibles de originar: con ternura, compasión, conformidad, censura e incertidumbre. Había muchos momentos en que, si no por la ausencia de su madre y sus hermanas, al menos por la naturaleza de sus ocupaciones, la conversación les estaba vedada, y la soledad rendía plenamente sus frutos. La cabeza se le iba, fatalmente desatada; sus ideas no podían aferrarse a ningún otro lado; y el pasado y el futuro, ante un sujeto tan interesante, no podían menos que aparecérsele, forzar su atención, y absorber su memoria, su raciocinio y su fantasía.