Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Pero —dijo, después de un breve silencio— ¿cuáles son sus planes? ¿Tan sólo esperar la muerte de la señora Ferrars? ¿Depender de un extremo tan triste y terrible…? ¿Está dispuesto su hijo a someterse a esto, y al probable tedio de una espera de muchos años, sólo por no correr el riesgo de disgustarla temporalmente confesándole la verdad?
—¡Si estuviéramos seguros de que sólo iba a ser temporalmente! Pero la señora Ferrars es una mujer obstinada y muy orgullosa, y si se enterara, sin duda, legarÃa en un arranque de ira toda su fortuna a Robert, y esta idea, por el bien de Edward, me obliga a desechar cualquier medida precipitada.
—Y también por su propio bien, a no ser que quiera llevar su desinterés a un punto más allá de la razón.
Lucy volvió a mirar a Elinor, sin decir nada.
—¿Conoce usted al señor Robert Ferrars? —preguntó Elinor.
—No. Ni siquiera de vista. Pero me lo imagino muy distinto a su hermano… un tonto y un lechuguino.
—¡Un lechuguino! —repitió la señorita Steele, cuyo oÃdo habÃa captado la palabra en una repentina pausa de la música de Marianne—. ¡Oh! Deben estar hablando de sus galanes favoritos.