Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Fue para Elinor una satisfacción ver que la señora Jennings, ocupada como estaba en sus habitaciones, se ahorraba gran parte de lo que estaba ocurriendo. Llegó el servicio de té, y Marianne ya había tenido más de una desilusión al oír llamar a la puerta de algún vecino cuando de pronto oyeron un golpe que no podía venir de ninguna otra casa: Elinor creyó que sin duda anunciaba a Willoughby, y Marianne se levantó de un salto en dirección a la puerta. Se produjo un completo silencio, que fue incapaz de resistir muchos segundos; abrió la puerta, avanzó unos cuantos pasos hacia las escaleras, y después de esperar medio minuto, volvió a la sala, tan alterada como naturalmente la habría dejado el hecho de haber oído, sin temor a equivocarse, su voz; en el paroxismo de esos momentos no pudo dejar de gritar: «¡Oh, Elinor, es Willoughby! ¡Es él!», y parecía ya casi a punto de arrojarse en sus brazos cuando apareció el coronel Brandon.