Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento M. D.
Elinor habrÃa querido creer, en honor a Willoughby, que estas cartas, tan llenas de afecto y confianza, habÃan merecido mejor respuesta. Pero al condenarle a él no dejaba de ver la impropiedad de que hubieran sido escritas siquiera; y en silencio empezaba a dolerse de la imprudencia que tan temerariamente habÃa conducido a estas pruebas no solicitadas de ternura, no justificadas por nada que las precediese, y desmentidas con la máxima dureza por los hechos, cuando Marianne, viendo que habÃa acabado de leerlas, le dijo que las cartas sólo decÃan lo que, en su situación, habrÃa dicho cualquier otra persona:
—Me sentÃa —añadió— tan solemnemente comprometida con él como si estuviéramos unidos por el más estricto convenio legal.
—Puedo creerlo —dijo Elinor—; pero por desgracia él no lo veÃa asÃ.