Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El coronel Brandon llegó cuando la reunión estaba en el té y, por su manera de mirar buscando a Marianne, Elinor imaginó en seguida que ni esperaba ni deseaba verla allí, y, en una palabra, que ya estaba al corriente de la causa de su ausencia. La señora Jennings no fue del mismo parecer; pues, poco después de llegar él, cruzó la sala hasta la mesa de té que Elinor presidía, y le susurró:
—El coronel está hoy tan serio como siempre. No lo sabe; querida, cuénteselo.
Poco más tarde el coronel acercó una silla a su lado, y, con una mirada que daba buena cuenta de la información que poseía, le preguntó por su hermana.
—Marianne no se encuentra bien —dijo Elinor—. Ha estado indispuesta todo el día, y hemos insistido en que se fuera a dormir.
—Entonces, quizá —replicó él, vacilando—, lo que he oído decir esta mañana, quizá… quizá sea más cierto de lo que al principio creí posible.
—¿Qué es lo que oyó decir?
—Que un caballero, a quien tenía motivos para creer… que un hombre, en fin, a quien yo sabía comprometido… pero ¿cómo decírselo? Si ya lo sabe usted, como seguramente es el caso, no hace falta que se lo diga yo.