Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Si no me engaña la incertidumbre, la parcialidad de un dulce recuerdo, las dos guardan un enorme parecido, tanto en lo físico como en lo espiritual. El mismo corazón ardiente, la misma imaginación y el mismo espíritu inquieto. Esa dama era una pariente cercana mía, que quedó huérfana siendo niña y que mi padre tomó bajo su tutela. Teníamos casi la misma edad, y desde la más tierna infancia fuimos amigos y compañeros de juegos. No recuerdo cuándo empecé a querer a Eliza; y mi afecto, a medida que fuimos creciendo, llegó a ser tal que quizá, pensando en mi presente decaimiento y en mi sombría gravedad, usted ahora me juzgue incapaz de haberlo sentido alguna vez. El de ella por mí era, creo, tan ferviente como el apego de su hermana al señor Willoughby, y fue, si bien por causa diferente, no menos infortunado. A los diecisiete años la perdí para siempre. Se casó… se casó contra su voluntad con mi hermano. Su fortuna era grande, y el patrimonio de nuestra familia no se hallaba en absoluto libre de cargas. Y eso, me temo, es todo cuanto puede decirse del proceder de quien una vez fue su tío y tutor. Mi hermano no la merecía; no la amaba siquiera. Yo había confiado en que el cariño que ella me profesaba la sostendría contra todo obstáculo, y durante cierto tiempo así fue; pero a la larga la desdichada situación, en la que se vio a merced de los mayores desprecios, acabó por socavar su voluntad, y aunque me había prometido que nada… pero ¡oh, qué ciego es el rumbo de mi narración! Todavía no le he dicho en qué circunstancias me lo prometió. Faltaban apenas unas horas para que nos fugáramos a Escocia. La perfidia, o la locura, de la doncella de mi prima nos traicionó. Yo fui desterrado a casa de un pariente lejano, y a ella se la privó de libertad, de compañía, de diversión, hasta que se pudo conseguir que mi padre cambiara de parecer. Yo había tenido demasiada fe en su entereza, y el golpe fue muy duro…, pero si su matrimonio hubiera sido feliz, yo, joven como era en aquel tiempo, en pocos meses habría llegado a conformarme, o al menos ahora no tendría que lamentarlo. No fue éste el caso, sin embargo. Mi hermano no la quería; sus placeres no eran los debidos, y desde el principio la trató sin amabilidad. Las consecuencias de este trato en un espíritu tan joven, tan ufano, tan poco experimentado como el de la señora Brandon no fueron sino los naturales. Se resignó al principio a toda la miseria de su situación; y habría sido feliz si su vida se hubiera visto libre de los trastornos que mi recuerdo ocasionaba. Pero… con semejante marido, que invitaba a la infidelidad, y sin un amigo que la aconsejara o refrenase (mi padre había muerto pocos meses después de la boda, y yo me hallaba con mi regimiento en las Indias Orientales), ¿acaso podemos sorprendernos de que se perdiera? De haber estado yo en Inglaterra, quizá…, pero yo había pedido el traslado porque pensé que, alejándome de ella, procuraría la felicidad de ambos. La conmoción que me produjo su boda —prosiguió, en un tono de gran agitación— fue una minucia… no fue nada… comparada con la que sentí al saber, unos dos años después, que se había divorciado. Ése fue el origen de esta amargura… incluso ahora, al recordar lo que sufrí…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker