Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —SÃ, sÃ; sà que es pequeña la rectorÃa —dijo, una vez cesó la ebullición de su sorpresa y regocijo iniciales—, y muy probablemente necesita reformas. Pero ¡oÃr, como creÃ, disculparse a un hombre por una casa que tiene, por lo que yo sé, cinco salas de estar en la planta baja, y en la que, según lo que me dijo el guardés, hay sitio para quince camas! ¡Y por no hablar de usted, acostumbrada a vivir en la casita de Barton! Me parecÃa totalmente ridÃculo. Pero, querida, debemos insinuarle al coronel que debe hacer algo con la rectorÃa, y convertirla en un sitio cómodo antes de que Lucy se traslade.
—El coronel, no obstante, no parece ser de la opinión de que la rectorÃa sea sitio suficiente para vivir si se casan.
—El coronel es un tiquismiquis, querida. Porque tiene dos mil libras de renta se cree que nadie puede casarse con menos. Le doy mi palabra de que, si estoy viva, antes del dÃa de San Miguel iré de visita a la rectorÃa de Delaford; y de que no iré si Lucy no está allÃ.
Elinor también creÃa probable que ellos no fueran a esperar más.