Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento De la felicidad de ella, y de su propio entusiasmo, no cabía la menor duda; y de todo corazón se unió a las esperanzas manifestadas por la señora Jennings de encontrarse todos cómodamente instalados en la rectoría de Delaford antes del día de San Miguel. Tanto deseaba, al mismo tiempo, adelantarse a Edward y atribuirle ella a Elinor los méritos que él sin duda le atribuiría que valoró su amistad con las más agradecidas y vehementes palabras, no vaciló en reconocer la deuda que habían contraído con ella, y declaró sin pudor que ningún esfuerzo, presente o futuro, hecho por la señorita Dashwood en nombre de ambos podía sorprenderle, ya que la creía capaz de hacer cualquier cosa por aquellos a quienes apreciaba. Y en cuanto al coronel Brandon, no sólo estaba dispuesta a rendirle culto como a un santo, sino que además deseaba ciegamente que así se le tratara en todos los aspectos terrenales y que las contribuciones que recibía se incrementasen al máximo; y para sí misma había resuelto valerse, una vez en Delaford y siempre que pudiera, de sus criados, de su coche, de sus vacas y de sus gallinas.