Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —De una cosa, querida hermana —le dijo, tomándole la mano, y en un tremendo susurro—, puedes estar segura; y voy a decÃrtela porque sé que te hará feliz. Tengo buenas razones para pensar… de hecho lo sé de buena fuente, porque si no no lo dirÃa, y serÃa muy feo decirlo si no fuese asÃ… o sea, que lo sé de buena fuente, y no es que se lo haya oÃdo decir personalmente a la señora Ferrars… pero sà lo ha oÃdo su hija, y yo lo sé por ella… En fin, que a pesar de todas las objeciones que puedan ponerse a cierta… a cierta alianza… ya me entiendes… ella la habrÃa preferido con creces a ésta: no le habrÃa disgustado ni la mitad. Muy satisfecho quedé al saber que la señora Ferrars lo veÃa bajo esta luz… Es para todos nosotros una grata circunstancia. «No pueden ni compararse —dijo—. De los dos males habrÃa sido el menor». Y ahora estarÃa encantada de firmar para que no ocurriera nada peor. Sólo que esto está fuera de discusión… Es absolutamente impensable… ya sabes, estas relaciones… no tienen futuro… son asunto terminado. Pero creà que debÃa decÃrtelo, porque sabÃa cuánto te complacerÃa. No tienes nada que reprocharte, querida Elinor. No cabe duda de que las cosas se te están dando muy bien… extraordinariamente bien, tal vez, considerándolo en todos los aspectos. ¿Has visto últimamente al coronel Brandon?