Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor vaciló; no sabía qué hacer. Pensó en la posibilidad de que llegara el coronel Brandon y los encontrase. Pero había prometido escucharle, y su curiosidad no estaba menos comprometida que su honor. Tras un momento de reflexión, por tanto, concluyendo que la prudencia requería diligencia y que era conveniente que su consentimiento la procurase, se encaminó silenciosamente hacia la mesa y tomó asiento. Willoughby se sentó en la silla de enfrente, y pasó medio minuto sin que ninguno de los dos dijera nada.
—Le ruego que se dé prisa, señor mío —dijo Elinor, intranquila—. No tengo tiempo que perder.
La actitud del joven era de profunda meditación y pareció no haberla oído.
—Su hermana —dijo bruscamente, un momento después— está fuera de peligro. Me lo ha dicho el criado. ¡Loado sea Dios! Pero ¿es verdad? ¿Es realmente verdad?
Elinor no quiso contestar. Él repitió la pregunta aún más impaciente.
—Por el amor de Dios, dígamelo: ¿está fuera de peligro o no?
—Creemos que sí.
Willoughby se levantó y empezó a dar vueltas.