Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Nada había en ninguno de los miembros del grupo que pudiera recomendar su compañía a la familia Dashwood; pero la fría sosería de lady Middleton era tan especialmente insoportable que, comparada con ella, la seriedad del coronel Brandon y hasta la ruidosa alegría de sir John y de su suegra resultaban interesantes. El entusiasmo de lady Middleton tan sólo pareció suscitarlo la entrada de sus cuatro escandalosos niños después de la cena, que la manosearon, le rasgaron el vestido y pusieron fin a toda conversación que no estuviese centrada en sí mismos.
Por la noche, como se descubrieran las cualidades musicales de Marianne, se la invitó a tocar. Se quitó el cerrojo al instrumento, se prepararon todos para rendirse cautivados, y Marianne, que cantaba muy bien, atendió sus peticiones y pasó revista a la mayor parte de las canciones que lady Middleton había aportado al matrimonio, y que quizá seguían desde esos días en el mismo sitio sobre el piano, pues su señoría había festejado el acontecimiento renunciando a la música, aunque según el relato de su madre antes tocaba extremadamente bien, y según el suyo propio era una gran aficionada a hacerlo.