Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Tres semanas de permanencia en Delaford, donde, al menos en las horas vespertinas, poco había tenido que hacer salvo calcular la desproporción existente entre los treinta y seis y los diecisiete años de edad, le habían llevado a Barton en un estado de ánimo que requería toda la mejoría de aspecto de Marianne, toda la amabilidad de su bienvenida y todo el tono exhortativo de las palabras de su madre para impregnarse de optimismo. Entre tales amigos, sin embargo, y tales halagos, el coronel revivió. Todavía no había llegado a sus oídos ningún rumor de la boda de Lucy: no sabía nada de lo ocurrido y, pasó, por tanto, las primeras horas de su visita escuchando y asombrándose. La señora Dashwood se lo explicó todo, y él encontró nuevos motivos para regocijarse por lo que había hecho por el señor Ferrars, en la medida en que de ello podían beneficiarse los intereses de Elinor.