La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger Al dÃa siguiente hizo bueno y Catherine casi temió otro embate de su grupo de amigos. Pero estando allà el señor Allen para darle su apoyo, no sentÃa miedo de ello. No obstante, preferÃa que no se produjera un enfrentamiento, ya que la victoria resultaba dolorosa; de modo que se alegró de todo corazón de no verles y no saber nada de ellos. Los Tilney fueron a recogerla a la hora prevista y, dado que no se produjeron nuevas dificultades y nadie recordó repentinamente compromisos previos ni tampoco hubo visitas inesperadas ni intrusiones impertinentes que desbarataran sus planes, nuestra heroÃna consiguió, por inverosÃmil que pueda parecer, cumplir su compromiso, aunque se trataba nada menos que del propio héroe. Decidieron pasear por Beechen Cliff, esa noble colina cuyo hermoso verdor y bosquecillos colgantes la convierten en un lugar sorprendente desde casi cualquier perspectiva.
—No puedo mirarlo sin que me recuerde el sur de Francia —dijo Catherine mientras paseaban junto al rÃo.
—¿Ha viajado al extranjero? —preguntó Henry un poco sorprendido.