La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger Pero este aborrecimiento, aun estando más que justificado, duró breves instantes, pues, al volver a mirar, exclamó:
—Pero ¡qué veo! ¡Si son el señor Morland y mi hermano!
—¡Cielo santo! ¡Es James! —exclamaba al mismo tiempo Catherine, y al captar el joven la mirada, el caballo fue inmediatamente refrenado con tal violencia que casi quedó sentado en los cuartos traseros, y como el palafrenero se habÃa encaramado ya a la calesa, saltaron los caballeros a tierra, dejando el carruaje a su cuidado.
Catherine, para quien este encuentro era absolutamente inesperado, recibió a su hermano con expresivas muestras de alegrÃa, y él, a su vez, que era de carácter muy afable y le profesaba un cariño sincero, dio pruebas de la misma alegrÃa. Entretanto, los brillantes ojos de la señorita Thorpe desafiaban continuamente a James para llamarle la atención, cosa que consiguió bien pronto con una mezcla de gozo y turbación que habrÃa indicado a Catherine, si hubiera estado más ducha en el desarrollo de los sentimientos de los demás y menos absorta en los suyos propios, que Isabella le era tan cara a su hermano como a ella.