La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger Aquella noche los Allen, los Thorpe y los Morland se encontraron en el teatro y, cuando Catherine e Isabella estuvieron sentadas juntas, se presentó la ocasión de que esta última expresara una parte de los varios millares de cosas que tenía que contar y se habían ido acumulando en su mente a lo largo del inconmensurable lapso de tiempo que las había mantenido separadas.
—¡Cielo santo! Catherine, querida. ¿Estoy por fin contigo? —fueron las palabras con que Catherine fue recibida al entrar en el palco y sentarse a su lado.
»Mire, señor Morland, no voy a dirigirle una palabra más esta noche, así que le suplico que no cuente con ello —continuó dirigiéndose a James que estaba sentado al otro lado.