Lady Susan

Lady Susan

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Bien, mi querido Reginald, ya he visto a esa peligrosa criatura y debo describírtela, aunque espero que pronto puedas formarte tu propia opinión. En verdad es hermosa en exceso. Aunque puedes optar por poner en duda los atractivos de una dama que ya no es joven, por mi parte debo declarar que raras veces he visto a una mujer más adorable que lady Susan. Tiene el cabello de un delicado color castaño claro, unos bonitos ojos grises y las pestañas oscuras, y por su aspecto no le echarías más de veinticinco años, aunque en realidad debe de tener diez más. Sin duda no me hallaba yo predispuesta a admirarla, aunque siempre había oído decir que era hermosa; pero no puedo por menos de sentir que posee una simetría, una tersura y una elegancia fuera de lo común. Su actitud hacia mí fue tan amable, abierta e incluso afectuosa que, si no hubiera sabido hasta qué punto yo le desagradaba por haberme casado con el señor Vernon y que nunca nos habíamos visto, habría podido creer que era una amiga íntima. A menudo se confunde la seguridad en una misma con la coquetería, y se cree que una forma insolente de dirigirse a los demás va acompañada por fuerza de una mente insolente; yo, al menos, esperaba un nivel impropio de desenvoltura en lady Susan, pero su rostro es absolutamente dulce y su voz y actitud encantadoramente suaves. Lamento que sea así, pues ¿qué es sino un engaño? Por desgracia la conocemos demasiado bien. Es lista y agradable, conoce todas esas cosas del mundo que hacen que conversar le resulte fácil, y habla muy bien, con un feliz dominio del lenguaje, lo cual creo que se utiliza con demasiada frecuencia para lograr que lo negro parezca blanco. Ya casi me ha hecho creer que está muy unida a su hija, aunque hasta el momento he estado convencida de lo contrario. Habla de ella con gran afecto y preocupación, lamentando con amargura haber sido negligente con respecto a su educación, lo cual ella presenta, no obstante, como algo tan absolutamente inevitable que me veo obligada a recordar cuántas primaveras sucesivas la señora pasó en la ciudad mientras su hija permanecía en Staffordshire, al cuidado de la servidumbre o de un ama de llaves no mucho mejor, lo que impide que me crea lo que dice.


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