Lady Susan
Lady Susan Sois muy buena al ocuparos de Frederica, y os lo agradezco, pues es una muestra de amistad; pero como no me cabe la menor duda de esa amistad, me opongo a exigiros semejante sacrificio. Es una muchacha estúpida y no posee nada que la haga atractiva. Por lo tanto, no quiero bajo ningún concepto que malgastéis un solo instante de vuestro precioso tiempo enviándola a Edward St., en especial porque cada visita le quita muchas horas de su educación, que es el asunto más importante del que realmente deseo que se ocupe mientras se aloje en casa de la señorita Summers. Quiero que toque y cante con cierto gusto y mucha seguridad en sí misma, ya que posee mis cualidades para el piano y una voz tolerable. A mí me mimaron tanto en los años de mi infancia que nunca me obligaron a nada, y en consecuencia no he logrado tener nada de lo que una mujer hermosa necesita para ser completa. No es que defienda la moda tan de actualidad de adquirir un conocimiento perfecto de todas las lenguas, las artes y las ciencias. Dominar el francés, el italiano, el alemán es perder el tiempo; con la música, el canto, el dibujo y todas esas cosas una mujer recibirá algunos aplausos, pero eso no añadirá un amante a su lista. Al fin y al cabo, la elegancia y la conducta social son de la mayor importancia. Por lo tanto, lo que pretendo es que los conocimientos que Frederica adquiera sean sólo superficiales, y creo que hago bien en no dejar que permanezca en el colegio el tiempo suficiente para comprender nada muy a fondo. Espero verla como esposa de sir James en el plazo de doce meses. Ya sabéis en qué baso mis esperanzas, y no cabe duda de que es una buena base, pues la escuela debe de resultar muy humillante para una muchacha de la edad de Frederica; y, a propósito, por esa razón preferiría que no la invitarais más, ya que deseo que su situación le resulte lo más desagradable posible. Estoy segura de que sir James aparecerá en cualquier momento, y podría lograr que renovara su proposición, por escrito. Entretanto os pido que cuando vaya a la ciudad os toméis la molestia de impedir que forme cualquier otra alianza; invitadle a vuestra casa de vez en cuando y habladle de Frederica para que no se olvide de ella.