Lady Susan
Lady Susan Jamás, mi queridísima Alicia, nada me ha enojado tanto como la carta que esta mañana he recibido de la señorita Summers. Esa horrible hija mía ha intentado fugarse. No tenía ni idea de que fuera semejante diablillo; parecía poseer toda la sumisión de los Vernon; pero al recibir la carta en la que le manifestaba mis intenciones acerca de sir James, intentó huir de verdad; al menos, no puedo explicarme otro motivo para hacerlo. Supongo que pretendía ir a casa de los Clarke en Staffordshire, pues no conoce a nadie más. Pero será castigada, se casará con él. He enviado a Charles a la ciudad para arreglar las cosas, si puede, pues en modo alguno la quiero aquí. Si la señorita Summers no permite que se quede con ella, tenéis que encontrarme otra escuela, a menos que podamos casarla de inmediato. La señorita S. me dice en su carta que no sabría darme ningún motivo para esa conducta extraordinaria de la damisela, lo que confirma mis explicaciones particulares. Frederica es demasiado tímida, creo, y me teme demasiado, para contar nada; pero si la afabilidad de su tío puede sacarle algo, no tengo miedo. Confío en que podré inventar una historia tan buena como la suya. Si de algo me enorgullezco es de mi elocuencia. La consideración y la estima siguen sin duda al dominio del lenguaje, igual que la admiración sigue a la belleza, y aquí tengo oportunidad de sobra para ejercer mi talento, puesto que dedico la mayor parte del tiempo a conversar. Reginald nunca se siente cómodo a menos que nos hallemos a solas y, cuando hace un tiempo tolerable, pasamos horas paseando juntos por el jardín. En general me resulta una persona muy agradable, es inteligente y es capaz de hablar de muchas cosas, pero a veces es impertinente y complicado. Posee una especie de ridícula delicadeza que exige que le explique de la forma más detallada cualquier cosa que haya oído contar que me desacredite, y nunca está satisfecho hasta que cree haber averiguado cada cosa de principio a fin.