Lady Susan
Lady Susan La señora Vernon a lady De Courcy
Churchill
En estos momentos tenemos un invitado al que nadie esperaba, mi querida madre. Llegó ayer. Me hallaba sentada con mis hijos mientras cenaban y oà que se detenÃa un carruaje ante la puerta, y, como supuse que me requerirÃan, salà de la habitación de los niños poco después; habÃa bajado la mitad de la escalera cuando Frederica, pálida como la cera, subió corriendo y pasó a mi lado como una tromba para entrar en su habitación. La seguà sin vacilar y le pregunté qué le ocurrÃa. «¡Oh! —exclamó entre sollozos—. Ha venido, sir James ha venido… ¿qué voy a hacer?». Esto no era ninguna explicación; le rogué que me contara a qué se referÃa. En aquel momento llamaron a la puerta, lo que nos interrumpió; era Reginald, que venÃa, por indicación de lady Susan, para decir a Frederica que bajara. «¡Es el señor De Courcy! —dijo ella, enrojeciendo violentamente—. Mamá le ha enviado a por mà y debo ir».
