Los Watson
Los Watson El cambio en su vida familiar y en su estilo de vida, como consecuencia de la muerte de un ser querido y de la imprudencia de otro, había sido ciertamente brusco. De ser el objeto principal de las esperanzas y cuidados de un tío que la había instruido con la solicitud de un padre, y de la ternura de una tía cuyo temperamento afectuoso se había deleitado en concederle todos los caprichos; de ser el alma y la alegría de una casa donde todo había sido comodidad y elegancia, y la previsible heredera de una dote más que desahogada, a no importarle a nadie y convertirse en una carga para aquellos de quienes no podía esperar afecto; una más en una casa abarrotada, rodeada de mentes inferiores, con tan pocas opciones de felicidad en aquel hogar como de encontrar un sustento futuro. Suerte que era de natural alegre, pues el cambio había sido tan grande que podía haber hundido en la miseria a un espíritu más débil que el suyo.
Robert y Jane insistieron en que volviera con ellos a Croydon, y no aceptaron fácilmente su negativa, pues tenían un concepto demasiado alto de su generosidad y su estatus para suponer que su oferta podría resultar menos tentadora a ojos de otros. Elizabeth apoyó su propuesta, aunque fuera en contra de sus intereses, instando en privado a Emma a que se fuera con ellos.