Mansfield Park
Mansfield Park Los Grant resultaron ser simpáticos y sociables, lo que produjo gran satisfacción general entre sus nuevas amistades. Tenían sus defectos, cosa que la señora Norris no tardó en averiguar: el doctor era muy aficionado a comer y se banqueteaba todos los días; en cuanto a la señora Grant, en vez de esforzarse en satisfacerle con poco gasto, daba a su cocinera un sueldo tan alto como el que se pagaba en Mansfield Park, y apenas se la veía en sus dependencias. La señora Norris no podía hablar sin enojo de tales desmanes, ni de la cantidad de huevos y mantequilla que se consumía regularmente en esa casa. A nadie como a ella le gustaba la abundancia y la hospitalidad; nadie detestaba más las fiestas pobretonas; jamás había faltado de nada en la casa parroquial, ni había tenido fama de tacaña, creía, en sus tiempos; pero éste era un tren de vida que ella no podía entender. Una dama tan refinada estaba fuera de lugar en una parroquia rural. Y pensaba que su propia despensa podía haber servido de ejemplo a la señora Grant. Y pese a las indagaciones que había hecho, no había logrado averiguar que la señora Grant hubiera tenido nunca más de cinco mil libras.