Mansfield Park
Mansfield Park En todas las discusiones con su madre, Susan tenía la razón de su parte, y no había ternura maternal que la hiciera claudicar. Era ajena a ese cariño ciego que estaba continuamente produciendo daño a su alrededor. No guardaba ninguna gratitud por el afecto pasado o presente que la hiciese tener paciencia con los excesos de los demás.
Todo esto se fue haciendo poco a poco evidente, y poco a poco fue apareciendo Susan ante su hermana como un ser digno de respeto y de compasión. Fanny no podía dejar de ver, sin embargo, que su actitud era equivocada; a veces, muy equivocada; que sus medidas estaban mal escogidas y eran inoportunas, y que sus modos y sus palabras eran muy a menudo injustificables. Pero empezaba a tener esperanza de poder corregir todo eso. Se daba cuenta de que Susan la miraba deseosa de merecer buena opinión; y si bien para Fanny era nuevo eso de ejercer autoridad, y nuevo imaginarse capaz de guiar o formar a nadie, resolvió hacer a Susan alguna sugerencia de vez en cuando, y esforzarse en practicar, para su beneficio, las nociones más justas para los demás, y más discretas para ella, que su educación más escogida le había inculcado.