Mansfield Park
Mansfield Park La intimidad así iniciada entre las dos supuso una ventaja material para ambas. Sentadas arriba, evitaban gran parte del alboroto de la casa; Fanny tenía tranquilidad, y Susan aprendía a no considerar una desgracia hacer alguna cosa con sosiego. No tenían fuego; pero ésa era una privación a la que Fanny estaba acostumbrada; y dado que le recordaba la habitación del este, se le hacía más soportable. Pero era el único punto de semejanza. En espacio, luz, mobiliario y vistas, los dos aposentos eran totalmente diferentes; y a menudo exhalaba un suspiro, cuando le venía el recuerdo de todos los libros y cajas y comodidades que allí tenía. Poco a poco, las dos hermanas se habituaron a pasar arriba la mayor parte de la mañana, al principio trabajando y hablando; pero al cabo de unos días, el recuerdo de los libros se le hizo a Fanny tan fuerte y acuciante que le fue imposible no intentar procurarse algunos. En casa de su padre no había libros; pero el dinero es lujoso y atrevido, y algo del suyo fue a parar a una biblioteca circulante. Se hizo suscriptora…, asombrada de ser algo por sí misma, asombrada de todas sus actividades: ¡alquilar, elegir libros! ¡Y conseguir el perfeccionamiento de alguien con esta elección! Pero así era. Susan no había leído nada, y Fanny anhelaba proporcionarle lo que habían sido sus primeros placeres, e inspirarle el gusto por las biografías y la poesía, que tanto la hacían disfrutar a ella.