Mansfield Park
Mansfield Park Que otras plumas se extiendan en la culpa y la desdicha. Yo dejo al punto esos temas odiosos, impaciente por devolver alguna paz a los que no tuvieron demasiada responsabilidad, y terminar con lo demás.
Hoy tengo la satisfacción de saber que mi Fanny ha debido de ser muy feliz a pesar de todo. Ha debido de ser una criatura feliz a pesar de la pena que sentía, o creía sentir, por la aflicción de los que la rodeaban. Tenía manantiales de gozo dispuestos a aflorar. Había vuelto a Mansfield Park, era útil, era querida; estaba a salvo del señor Crawford, y al regresar sir Thomas, recibió de él —en su entonces melancólico estado de ánimo— todas las pruebas que pudo darle de su total aprobación y acrecentado respeto. Y aunque esto tenía que hacerla feliz, lo habría sido igualmente sin eso, porque Edmund ya no vivía engañado respecto a la señorita Crawford.
Es cierto que Edmund estaba lejos de ser feliz. Sufría de desencanto y de pena, lamentando lo que era, y deseando lo que nunca podría ser. Fanny lo sabía y le pesaba, aunque con un pesar tan fundado en la satisfacción, tan tendente a la complacencia, y tan en armonía con los más caros sentimientos, que no pocas personas habrían cambiado con gusto su mayor alegría por esa situación.
