Mansfield Park
Mansfield Park —Aunque fuesen diez —exclamó la señora Norris—, estoy segura de que no le importarÃa. El coste no debe ser impedimento. Yo en su lugar no pensarÃa en el dinero. MandarÃa hacer todas las cosas lo mejor posible. Un lugar como Sotherton Court merece todo lo que el gusto y el dinero puedan aportar. Allà hay espacio para trabajar, y un parque que le recompensará. Si yo tuviese la quinta parte de lo que es Sotherton, estarÃa plantando y reformando sin parar; porque naturalmente me gusta muchÃsimo. SerÃa ridÃculo intentar hacer nada donde vivo ahora, en los dos mil metros cuadrados que tengo. RidÃculo. Pero si tuviese más espacio, disfrutarÃa lo indecible reformando y plantando. Nosotros hicimos mucho en la tierra adscrita a la casa parroquial; la convertimos en un lugar completamente diferente de como era cuando la recibimos al principio. Los jóvenes no os acordáis de cómo era, quizá. Pero si nuestro querido sir Thomas estuviese aquà os podrÃa contar las mejoras que introdujimos; y más habrÃamos hecho, si no hubiera sido por la mala salud del señor Norris que en paz descanse. Apenas podÃa salir a disfrutar, el pobre; y eso me desanimó de hacer varias cosas de las que sir Thomas y yo solÃamos hablar. Si no llega a ser por eso, habrÃamos continuado la tapia del jardÃn y habrÃamos plantado un seto para separarlo del cementerio, como ha hecho el señor Grant. De todos modos, siempre estábamos haciendo algo. La primavera anterior al fallecimiento del señor Norris plantamos un albaricoquero junto al muro de la cuadra, que ahora se ha hecho un árbol noble y está llegando a la perfección, señor —dirigiéndose ahora al doctor Grant.