Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―RÃete de mà todo lo que quieras, pero no me harás cambiar de opinión. Querida Lizzy, ten en cuenta en qué lugar tan deshonroso sitúa al señor Darcy; tratar asà al favorito de su padre, a alguien al que él habÃa prometido darle un porvenir. Es imposible. Nadie medianamente bueno, que aprecie algo el valor de su conducta, es capaz de hacerlo. ¿Es posible que sus amigos más Ãntimos estén tan engañados respecto a él? ¡Oh, no!
―Creo que es más fácil que la amistad del señor Bingley sea impuesta que el señor Wickham haya inventado semejante historia con nombres, hechos, y que la cuente con tanta naturalidad. Y si no es asÃ, que sea el señor Darcy el que lo niegue. Además, habÃa sinceridad en sus ojos.
―Es realmente difÃcil, es lamentable. Uno no sabe qué pensar.
―Perdona; uno sabe exactamente qué pensar.