Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―No pienso hacerlo. Sabes cómo lo detesto, a no ser que conozca personalmente a mi pareja. En una fiesta como ésta me serÃa imposible. Tus hermanas están comprometidas, y bailar con cualquier otra mujer de las que hay en este salón serÃa como un castigo para mÃ.
―No deberÃas ser tan exigente y quisquilloso ―se quejó Bingley―. ¡Por lo que más quieras! Palabra de honor, nunca habÃa visto a tantas muchachas tan encantadoras como esta noche; y hay algunas que son especialmente bonitas.
―Tú estás bailando con la única chica guapa del salón ―dijo el señor Darcy mirando a la mayor de las Bennet.
―¡Oh! ¡Ella es la criatura más hermosa que he visto en mi vida! Pero justo detrás de ti está sentada una de sus hermanas que es muy guapa y apostarÃa que muy agradable. Deja que le pida a mi pareja que te la presente.
―¿Qué dices? ―y, volviéndose, miró por un momento a Elizabeth, hasta que sus miradas se cruzaron, él apartó inmediatamente la suya y dijo frÃamente: ―No está mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y no estoy de humor para hacer caso a las jóvenes que han dado de lado otros. Es mejor que vuelvas con tu pareja y disfrutes de sus sonrisas porque estás malgastando el tiempo conmigo.