Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio El estado de ánimo del señor Bennet ante la noticia era más tranquilo; es más, hasta se alegró, porque de este modo podÃa comprobar, según dijo, que Charlotte Lucas, a quien nunca tuvo por muy lista, era tan tonta como su mujer, y mucho más que su hija.
Jane confesó que se habÃa llevado una sorpresa; pero habló menos de su asombro que de sus sinceros deseos de que ambos fuesen felices, ni siquiera Elizabeth logró hacerle ver que semejante felicidad era improbable. Catherine y Lydia estaban muy lejos de envidiar a la señorita Lucas, pues Collins no era más que un clérigo y el suceso no tenÃa para ellas más interés que el de poder difundirlo por Meryton.
Lady Lucas no podÃa resistir la dicha de poder desquitarse con la señora Bennet manifestándole el consuelo que le suponÃa tener una hija casada; iba a Longbourn con más frecuencia que de costumbre para contar lo feliz que era, aunque las poco afables miradas y los comentarios mal intencionados de la señora Bennet podrÃan haber acabado con toda aquella felicidad.