Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio En cuanto a Jane, la ansiedad que esta duda le causaba era, como es natural, más penosa que la de Elizabeth; pero sintiese lo que sintiese, querÃa disimularlo, y por esto entre ella y su hermana nunca se aludÃa a aquel asunto. A su madre, sin embargo, no la contenÃa igual delicadeza y no pasaba una hora sin que hablase de Bingley, expresando su impaciencia por su llegada o pretendiendo que Jane confesase que, si no volvÃa, la habrÃan tratado de la manera más indecorosa. Se necesitaba toda la suavidad de Jane para aguantar estos ataques con tolerable tranquilidad.
Collins volvió puntualmente del lunes en quince dÃas; el recibimiento que se le hizo en Longbourn no fue tan cordial como el de la primera vez. Pero el hombre era demasiado feliz para que nada le hiciese mella, y por suerte para todos, estaba tan ocupado en su cortejo que se veÃan libres de su compañÃa mucho tiempo. La mayor parte del dÃa se lo pasaba en casa de los Lucas, y a veces volvÃa a Longbourn sólo con el tiempo justo de excusar su ausencia antes de que la familia se acostase.