Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Es verdad ―dijo el señor Bennet―, pero es un consuelo pensar que, suceda lo que suceda, tienes una madre cariñosa que siempre te ayudará.
La compañÃa de Wickham era de gran utilidad para disipar la tristeza que los últimos y desdichados sucesos habÃan producido a varios miembros de la familia de Longbourn. Le veÃan a menudo, y a sus otras virtudes unió en aquella ocasión la de una franqueza absoluta. Todo lo que Elizabeth habÃa oÃdo, sus quejas contra Darcy y los agravios que le habÃa inferido, pasaron a ser del dominio público; todo el mundo se complacÃa en recordar lo antipático que siempre habÃa sido Darcy, aun antes de saber nada de todo aquello.
Jane era la única capaz de suponer que hubiese en este caso alguna circunstancia atenuante desconocida por los vecinos de Hertfordshire. Su dulce e invariable candor reclamaba indulgencia constantemente y proponÃa la posibilidad de una equivocación; pero todo el mundo tenÃa a Darcy por el peor de los hombres.