Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Oh! Sabes perfectamente que tienes cierta tendencia a que te guste toda la gente. Nunca ves un defecto en nadie. Todo el mundo es bueno y agradable a tus ojos. Nunca te he oÃdo hablar mal de un ser humano en mi vida.
―No quisiera ser imprudente al censurar a alguien; pero siempre digo lo que pienso.
―Ya lo sé; y es eso lo que lo hace asombroso. Estar tan ciega para las locuras y tonterÃas de los demás, con el buen sentido que tienes. Fingir candor es algo bastante corriente, se ve en todas partes. Pero ser cándido sin ostentación ni premeditación, quedarse con lo bueno de cada uno, mejorarlo aun, y no decir nada de lo malo, eso sólo lo haces tú. Y también te gustan sus hermanas, ¿no es asÃ? Sus modales no se parecen en nada a los de él.
―Al principio desde luego que no, pero cuando charlas con ellas son muy amables. La señorita Bingley va a venir a vivir con su hermano y ocuparse de su casa. Y, o mucho me equivoco, o estoy segura de que encontraremos en ella una vecina encantadora.